autoestima

Hablamos de Autoestima Alta o Baja, y quizá, más que un parámetro lineal en el ser humano, la Autoestima, es decir, la estima o valoración en la cual se tiene la propia persona, es un fenómeno más global, multidimensional por así decirlo, algo que lo abarca e incide en todas las dimensiones de su ser: biológico, psico-afectivo, social y espiritual.

Desde mi punto de vista, un fenómeno de ésta magnitud, no podríamos analizarlo y/o evaluarlo desde la dicotomía al inicio planteada: “Alta o Baja”, “Buena o Mala”, con todo lo que esto pudiera implicar. Siendo un fenómeno que, junto con otros, permite diagnosticar la salud en varios rubros de un individuo, especialmente a nivel emocional; y partiendo del concepto de “Salud” como el Equilibrio en el desarrollo y funcionamiento de los distintos aparatos y sistemas de toda la economía del ser; entonces, a mi entender, podríamos hablar también de Autoestima Equilibrada, Armónica o Saludable… o en su defecto, de Autoestima Desequilibrada, Inarmónica o Enferma.

Cómo saber si el valor o la estima en la cual me tengo se encuentra en Equilibrio o Saludable?

Dado que los seres humanos, nos agrade o no, somos seres relacionales, sociales por naturaleza; nuestra Autoestima está en relación a nosotros mismos como individuos y también al tipo de relación o relaciones que mantenemos con los demás. No sólo queda en cómo o cuánto me valoro (sobre valoro o infra valoro) a mí misma, a mí mismo; sino además cómo y cuánto valoro a los demás.

Por lo anterior, podemos resumir que son cuatro los parámetros, o como yo les llamo:autoestima

Los “Cuatro Termómetros Afectivos” para diagnosticar una Autoestima Sana, Saludable o Equilibrada:

    1. Qué tanto estoy consciente y me hago dueño de mis dones o talentos.

Que tanto los utilizo, en el mejor de los casos, en beneficio propio y también de los demás. O en su defecto, que tanto NO me reconozco lo “bueno que soy”, mis cualidades, mis virtudes; y al no reconocerlo no hago uso eficiente de todos mis recursos. Y como lo menciona aquella parábola del Patrón y los Talentos… “los guardo para protegerlos, para que no se me gasten”… robándome así a mí mismo y a los demás la oportunidad de crecer y de mejorar mi entorno.

    1. Qué tan consciente estoy de mis debilidades, de mis fragilidades, de mis “defectos”

Este segundo “termómetro afectivo” también tiene que ver con la autoconsciencia y la autoaceptación. Si en el primer termómetro afectivo me di cuenta, acepté y utilicé mis talentos, en el segundo, me hago consciente de mis debilidades, de mis fragilidades, de mis “defectos”; aceptándolos como parte integral de mi persona para que, una vez “conscientizados” y aceptados, me comprometa conmigo mismo para que, en la medida de lo posible, los transforme en fortalezas; ya que sólo de lo que soy consciente me es asequible su transformación. Como vemos, estos dos primeros “termómetros afectivos” van más en relación directa a mi propia persona (son más intrapersonales); más insisto, los seres humanos somos seres relacionales, por lo que los siguientes dos “termómetros” van más enfocados a la relación o relaciones que mantenemos con los demás.

    1. Qué tanto acepto y me enorgullezco “de corazón” de las virtudes o talentos de los demás

El tercer “termómetro de la Autoestima Equilibrada” tiene que ver con el qué tan sencillo se me hace acercarme a las virtudes de los demás sin envidia, sin odio, sin tender a desacreditar al sujeto en cuestión por poseer talentos que yo no tengo o por tener habilidades que yo aún no me permito desarrollar. Es decir, cuando de verdad “aplaudo” las virtudes de otro(a) en cualquiera de las dimensiones de su ser, no estoy reconociendo la Autoestima Equilibrada de ese otro u otra; sino que estoy permitiéndome ver que tan en equilibrio está mi propia autoestima; y Ojo: No es necesario sentir un cariño o amor particular sobre ese sujeto para poder reconocerle lo “bueno” que es en determinada circunstancia; incluso no necesita ser mi hermano, mi pareja, mi hijo…mi amigo, para que yo me abra a la posibilidad de brindarle todo mi reconocimiento. Es más, me podría “caer” bastante mal en otros aspectos, más en ese en particular, lo admiro sinceramente.

    1. Tomar a los demás con todas sus debilidades y defectos

El cuarto y último “termómetro de la autoestima saludable” dicta así: “Si ya reconocí lo bueno que soy, si ya acepté mis debilidades con el firme compromiso de transformarlas en fortalezas, si ya tomé a mi prójimo con todas sus virtudes y talentos; entonces me queda el tomarlo también con todas sus debilidades y defectos”. Aceptar a mi prójimo tal cuál es (que además es un fiel reflejo de qué tanto me acepto a mí misma, a mí mismo). Aceptarlo, acogerlo, recibirlo en mi corazón sin imponerle o pedirle que cambie para poder CON-VIVIR día a día con el/ella. Sin etiquetarle; sin juicios ni pretensiones que nos llevan a lastimarnos inútilmente y a sufrimientos infructuosos. Reconocer que en la diversidad está la riqueza; que lo que es diferente a mi, simplemente es eso, diferente, no mejor o peor. Mientras más equilibrio tengamos en estos cuatro “termómetros afectivos”, mientras más resueltos y decididos estemos a trabajarlos día a día, más le vamos avanzando a la plenitud de nuestro ser. Darnos cuenta que este trabajo asumido libre y responsablemente de manera personal; como padres, como hijos, como hermanos, como profesionales del área de la salud, como simples compañeros de trabajo, como vecinos, etc; le abona a nuestro crecimiento y bienestar personal, familiar, laboral y social. Darme cuenta a cada instante de que puedo (si es que quiero) fortalecer mi Autoestima y la de los Míos…incluso la de los “NO Míos”… Respetándome y Respetando los procesos de crecimiento individual, ya va forjando el camino a la Plenitud del Ser. Al inicio de éste año, con todo lo que nos dejó de aprendizaje el año previo, considero sugerente la oportunidad de reflexión que tanto tú como yo tenemos; para hacernos más conscientes del cómo están nuestras relaciones intra e inter personales, del qué le aportamos a nuestra propia vida y a la de los demás…dándonos cuenta que ello se inscribe con una carga histórica particular que nos afecta a todos.

Concluyo enviándote un abrazo y con la sugestiva invitación de la frase de Gandhi:

“Sé Tú el cambio que quieres ver en el Mundo”…

vía: cedecyc.com